ALEXANDER Y BUCEPHALUS.
Un día el rey Felipe compró un buen caballo llamado Bu-ceph’a-lus. Era un noble an-i-mal, y el rey pagó un precio muy alto por él. Pero era salvaje y no se podía montar en él, ni hacer nada con él.
Intentaron azotarlo, pero eso sólo lo empeoró. Finalmente, el rey ordenó a sus sirvientes que se lo llevaran.
“Es una lástima que se arruine un caballo tan bueno”, dijo Al-ex-an’der, el hijo pequeño del rey. “Esos hombres no saben cómo tratarlo”.
“Tal vez tú puedas hacerlo mejor que ellos”, dijo su padre con desprecio.
“Sé”, dijo Al-ex-an-der, “que, si me dejaras intentarlo, podría manejar este caballo mejor que nadie”.
“Y si no lo consigues, ¿qué pasará entonces?”, preguntó Felipe.
“Te pagaré el precio del caballo”, dijo el muchacho.
Mientras todos reían, Alejandro corrió hacia Bu-ceph-a-lus, y giró la cabeza hacia el sol. Se había dado cuenta de que el caballo tenía miedo de su propia sombra.
Entonces le habló suavemente al caballo y le dio unas palmaditas[107] con la mano. Cuando lo hubo tranquilizado un poco, dio un rápido salto sobre el lomo del caballo.
Todo el mundo esperaba ver al muchacho muerto en el acto. Pero él se mantuvo en su sitio y dejó que el caballo corriera tan rápido como pudiera. Cuando Bucéfalo se cansó, Alejandro le puso las riendas y regresó al lugar donde estaba su padre.
Todos los hombres que estaban allí gritaron al ver que el muchacho había demostrado ser el amo del caballo.
Saltó al suelo, y su padre corrió a besarlo.
“Hijo mío”, dijo el rey, “Macedonia es un lugar demasiado pequeño para ti. Debes buscar un reino más grande que sea digno de ti”.
Después de eso, Alejandro y Bucéfalo fueron los mejores amigos. Se decía que siempre estaban juntos, pues cuando se veía a uno de ellos, el otro estaba seguro de no estar lejos. Pero el caballo nunca permitía que nadie lo montara sino su amo.
Alejandro se convirtió en el rey y guerrero más famoso que se haya conocido jamás, y por eso se le llama siempre Alejandro Magno. Bucéfalo lo llevó a través de muchos países y en muchas batallas feroces, y más de una vez salvó la vida de su amo.