DIOGENES THE WISE MAN.
DIÓGENES EL SABIO
En Cor-inth, en Grecia, vivía un hombre muy sabio que se llamaba Di-og’e-nes. Los hombres venían de todas partes del país para verlo y oírlo hablar.
Pero, por muy sabio que fuera, tenía unas costumbres muy extrañas. No creía que ningún hombre debiera tener más cosas de las que realmente necesitaba; y decía que ningún hombre necesitaba mucho. Por eso no vivía en una casa, sino que dormía en una tina o barril, que llevaba de un lugar a otro. Se pasaba el día sentado al sol y diciendo cosas sabias a los que le rodeaban.
Un mediodía, Di-og-e-nes fue visto caminando por las calles con una linterna encendida, y mirando a su alrededor como si buscara algo.
“¿Por qué llevas un farol cuando brilla el sol?”, le dijo alguien.
“Busco a un hombre honesto”, respondió Diógenes.
Cuando Alejandro Magno fue a Corinto, todos los hombres más destacados de la ciudad salieron a verlo y a alabarlo. Pero Diógenes no acudió, y era el único hombre por cuyas o-pin-iones se preocupaba Alejandro.
Diogenes y Alexander.
Y así, como el sabio no quiso venir a [110]ver al rey, el rey fue a ver al sabio. Encontró a Diógenes en un lugar apartado, tumbado en el suelo junto a su bañera. Estaba disfrutando del calor y de la luz del sol.
Cuando vio llegar al rey y a mucha gente, se incorporó y miró a Alejandro. Alejandro le saludó y le dijo
“Diógenes, he oído hablar mucho de tu sabiduría. ¿Hay algo que pueda hacer por ti?”
“Sí”, dijo Diógenes. “Puedes ponerte un poco de lado, para que no me impida la luz del sol”.
Esta respuesta fue tan diferente de lo que esperaba, que el rey se sorprendió mucho. Pero no se enfadó, sino que le hizo admirar aún más al extraño hombre. Cuando se volvió para cabalgar, dijo a sus oficiales.
“Digan lo que quieran; si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes”.